Movimiento cotidiano y NEAT
Cuando hablamos de salud y composición corporal, solemos pensar rápidamente en el entrenamiento.
Pero antes de llegar a ese punto hay una base que siempre aparece primero: los hábitos cotidianos.
Alimentación consciente, descanso, gestión del estrés… y algo que muchas veces pasa desapercibido:
el movimiento diario.
Acá aparece un concepto interesante: el NEAT (Non-Exercise Activity Thermogenesis).
El NEAT hace referencia a toda la actividad física que realizamos durante el día fuera del entrenamiento estructurado: caminar, subir escaleras, moverse durante la jornada, realizar tareas del hogar o actividades recreativas.
En mujeres en perimenopausia, este componente puede tener un impacto importante en el gasto energético diario. Y cuando logramos tenerlo a favor, puede marcar una diferencia significativa.
Muchas veces lo trabajamos de forma práctica: a través del conteo de pasos o simplemente tomando conciencia del nivel de movimiento semanal en un sentido más amplio.
Incluso, aunque estrictamente no formen parte del NEAT por definición, en esta etapa suelo considerar dentro del gasto energético semanal muchas actividades cotidianas como clases grupales, clases de baile, yoga, practicar algún deporte los fines de semana o simplemente salir a caminar con una amiga
No porque no aporten beneficios, sino porque presentan ciertas limitaciones cuando buscamos adaptaciones estructurales específicas.
En la mayoría de los casos no hay un planteo de sobrecarga progresiva ni un estímulo neuromuscular suficiente. Suelen trabajar con cargas bajas a moderadas y muchas repeticiones, enfocándose principalmente en la resistencia muscular local.
Por eso, su impacto sobre la fuerza, la masa muscular y la salud ósea suele ser limitado, y no alcanzan por sí solas para estimular hipertrofia muscular ni adaptación estructural del tejido óseo.
Esto no significa que no tengan valor.
Pueden mejorar el bienestar general, favorecer la liberación de endorfinas, dopamina y serotonina, aportar un componente social que favorece la adherencia al movimiento y funcionar como puente hacia entrenamientos más intensos.
Por eso, dentro de una planificación estratégica, estas actividades pueden formar parte del gasto energético semanal, mientras que el estímulo central sigue siendo el entrenamiento de fuerza estructurado, que es el que realmente permite sostener masa muscular, mejorar la función neuromuscular y cuidar la salud ósea a largo plazo
Entender cómo entrenar en esta etapa puede cambiar completamente la forma en que tu cuerpo responde al movimiento.
Moverse siempre suma.Pero después de los 40,
entrenar con estrategia puede marcar una gran diferencia.